lunes, 1 de junio de 2015

LUIS CERNUDA



Es la luz misma, la que abrió mis ojos
Toda ligera y tibia como un sueño,
Sosegada en colores delicados
Sobre las formas puras de las cosas.

El encanto de aquella tierra llana,
Extendida como una mano abierta,
Adonde el limonero encima de la fuente
Suspendía su fruto entre el ramaje.

El muro viejo en cuya barda abría
A la tarde su flor la enredadera,
Y al cual la golondrina en el verano
Tornaba siempre hacia su antiguo nido.

El susurro del agua alimentando,
Con su música insomne el silencio,
Los sueños que la vida aún no corrompe,
El futuro que espera como página blanca.

Todo vuelve otra vez vivo a la mente,
Irreparable ya con el andar del tiempo,
Y su recuerdo ahora me traspasa
El pecho tal puñal fino y seguro.

Raíz del tronco verde, ¿quién la arranca?
Aquel amor primero, ¿quién lo vence?
Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,
Tierra nativa, más mía cuanto más lejana?

ELISABETH MULDER

La dulce música

Fuente, desgrana tu pena
en esta tarde azulada.
Rima tu copla encantada
en esta tarde serena.

Bella amiga, mi hada buena,
di tu mágica balada.
¡Canta tu dulce tonada
que es toda gracia llena!

Y la fuente me escuchó:
y su romance cantó en el suave atardecer.

Y cada gota caía
como divina harmonía
en el fondo de mi ser.

MIGUEL DE UNAMUNO



Tú me levantas, tierra de Castilla, 
en la rugosa palma de tu mano, 
al cielo que te enciende y te refresca, 
al cielo, tu amo, 

Tierra nervuda, enjuta, despejada, 
madre de corazones y de brazos, 
toma el presente en ti viejos colores 
del noble antaño. 

Con la pradera cóncava del cielo 
lindan en torno tus desnudos campos, 
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro 
y en ti santuario. 

Es todo cima tu extensión redonda 
y en ti me siento al cielo levantado, 
aire de cumbre es el que se respira 
aquí, en tus páramos. 

¡Ara gigante, tierra castellana, 
a ese tu aire soltaré mis cantos, 
si te son dignos bajarán al mundo 
desde lo alto!


VICENTE ALEIXANDRE





Chupar tu vida sobre los labios,
no es quererte en la muerte.
Chupar tu vida, amante,
para que lenta mueras
de mí, de mí que mato.
para agotar tu vida
como una rosa exhausta.
color, olor: mis venas
saben a ti: allí te abres.
Ebriamente encendido,
tú me recorres. toda,
toda mi sangre es sólo
perfume. Tú me habitas,
aroma arrebatado
que por mí te despliegas,
que como sangre corres
por mí: ¡que a mí me pueblas!

RAFAEL ALBERTI




Canto, río, con tus aguas:
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no lloran.

Yo nunca seré de piedra.
Lloraré cuando haga falta.
Lloraré cuando haga falta.
Lloraré cuando haga falta.

Canto, río, con tus aguas:

De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.

Yo nunca seré de piedra.
Gritaré cuando haga falta.
Reiré cuando haga falta.
Cantaré cuando haga falta.

Canto, río, con tus aguas:

Espada, como tú, río.
Como tú también, espada.
También, como tú, yo, espada.

Espada, como tú, río,
blandiendo al son de tus aguas:

De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan. 

QUISIERA SER CÓNCAVO GERARDO DIEGO

GERARDO DIEGO

Quisiera ser convexo
para tu mano cóncava.
Y como un tronco hueco
para acogerte en mi regazo
y darte sombra y sueño.


Suave y horizontal e interminable
para la huella alterna y presurosa
de tu pie izquierdo
y de tu pie derecho.


Ser de todas las formas
como agua siempre a gusto en cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
tu confín - dentro y fuera - siempre exacto.

AYER TE BESÉ EN LOS LABIOS

PEDRO SALINAS



Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
—¿adónde se me ha escapado?—.

Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.

Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.



ES UNA TARDE CENICIENTA Y MUSTIA. ANTONIO MACHADO






Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
    La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
            *
    Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
    Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
    se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
    así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ



No sé lo que he de hacer.
Miro cerradas
todas las puertas;
igual es a mi alma que el invierno
la primavera.
No sé ya para qué
la aurora me despierta.
Sé que no habrá una mano
que me cuelgue las frescas
guirnaldas del amor: que la amistad más noble
es obtusa y convexa.
Nada... Los mismos libros
-una flora de estrellas-
se caen al abismo
de mis miserias.
Las músicas son falsas
y las verdades huecas.
No sé por qué ni para qué descanso...
La misma muerte me parece ciega.
Pero una voz perenne de viento sin sentido
me clava en las entrañas este dardo
de sol y paz: "¡Espera!"
.